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🔵 LA INFANCIA DE DIOS DE EUNICE ODIO

Eunice Odio es una escritora increíble. Su poemario Tránsito de fuego tan simbólico como críptico, tan claramente dulce como epopéyico. El prólogo Del tiempo que no está en sí es una oda a la Nada y al Todo donde Odio muestra la infancia de Dios.

Eunice Odio - Transito de Fuego
Eunice Odio, 1919-1974.

Imaginar el tiempo que no está en sí es ver que el Uno voltea de donde viene y desaparece, donde la inexistencia de Dios ni es infinita ni finita, porque hay Nada, solo eso. No existe el todo de la Nada. Nada estaba previsto, Todo era inminente. Hay Nada o hay Todo.

En la Nada Dios no existe, es.

En el Todo, el humano no es, existe.

El desconcertante título tiempo que no está en sí muestra un tiempo descentrado, un tiempo que no es consciente de que es tiempo, un tiempo que no es autoconsciente porque está en la Nada. Solo se puede estar consciente de sí mismo en el Todo, en la existencia. Por ello, vemos dos hermosos versos que anuncian el orden del vacío preparaba una palabra que no sabía su nombre, una palabra no-auto-conocida en el tiempo inexistente. Antes del Todo, en la Nada, la consciencia es latente e indeterminada, necesita ser eyectada al Todo para reconocerse a sí misma en la propia auto-generación, en la propia auto-creación.

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La palabra… esa que no sabía, sí, en pasado, porque en el presente –que es lo único que existe- es cuando se es consciente, cuando se conoce- aquella, del tamaño del aire, que no sabe su tamaño, que siempre fluye en el espacio, que nunca pasará de la misma forma en el mismo lugar, que no sabe cuál será su meta pero es consciente del ahora. Esa es. La palabra dada, el λóγος, ese Logos Divino eyectado de la Nada, emanado hacia la positividad que describió el apóstol Juan como (en) el principio, en la existencia. Ese Logos que se desprende de sí mismo para ser consciente de sí viendo su propio reflejo, es decir, su propia re-flexión. Ese Logos que tiene que salirse de sí mismo, desbordarse de sí mismo, para poder verse en el Todo con un precio muy alto: existir.

En esa existencia donde el nacimiento y la muerte existe.

La existencia donde el Demiurgo da el Logos y el Abraxas la refleja.

Donde el Uno mira hacia adelante y observa el 2: la Integración de los Padres.

El prólogo de la creación del Mundo de Odio, desde la inexistencia hasta la existencia, plagado de toda una poética esotérica, tenía que terminar irrevocablemente en la ocultación, en lo íntimo, en el secreto de la infancia divina, porque Dios crece con su obra y aprende ella, porque sino ¿cómo es que vio que la Luz era buena? ¿No sabía cómo iba a ser su propia creación? No, pero esa Luz fue una buena luz. Esa Luz, la luz de la consciencia de sí emanada por el Sol fuera de la Caverna Platónica.

Luego, solo luego, Dios guarda lo aprendido, lo guarda en secreto.

Entonces…

¿Hay predestinación en lo divino?

En la Nada,

en aquel Absoluto,

en aquel Pleroma,

en el Topus Uranus,

antes del Mahanvantara de los hinduistas,

antes del Big Bang de la ciencia moderna,

antes del Tzimzum de los cabalistas,

allí donde solo hay quietud,

nada está(ba) previsto.

Por ello, la Torah/Pentateuco comienza con la leta Beth, la letra B del alephbeth/alfabeto con su Bereshit bará Elohim…; porque Aleph, la A, la primera letra, la primera palabra emanada, está guardada para el λóγος, para Dios ocult(ad)o.

Cuando hay desocultación, hay existencia. Cuando hay existencia hay humanidad. Por ello los ángeles buscaban un cuerpo para el llanto, así como Adán y Eva cuando fueron expulsados/desocultados tomando pieles (humanas) como vestiduras. Esa, era la infancia de Dios, cuando hablaba con una sola sílaba, y seguía creciendo en secreto.

Si Nietzsche nos explicó el proceso de la muerte de Dios con el λóγος de Zaratustra, esa muerte que solo se podría hacer teniendo un águila y una serpiente de mascotas -símbolos vivientes de los secretos divinos y que enseñan como Dios muere “afuera” para nacer dentro de sí mismo, dando un proceso de re-nacimiento-, Odio nos explica por el contrario, el paso dado, positivo, de facto, desde la Nada a la existencia, en un proceso de nacimiento cósmico en el multiverso, donde el cielo arrullaba y los ríos caminaban en la mañana de bronce, allá, donde Eunice Odio nos ha descrito como una espectadora más, junto a las lámparas en el firmamento, la infancia de Dios…

El Genio Maligno de Descartes

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*Artículo publicado en el periódico Semanario Universidad (Costa Rica):
https://semanariouniversidad.com/suplementos/desde-la-infancia-de-dios/

🔵 LA CIUDAD ES UNA TRANSPARENCIA IMPENETRABLE

Ciudad Blanca sobre fondo blanco, es la sentencia de lo etéreo de la ciudad con respecto a su dinámica, su vida, su invisibilidad, su mimetización con el fondo. ¿Dónde empieza la Ciudad y dónde empieza el Fondo? Donde el poeta, el silencio y la mirada se encuentran. El poeta constituye la figura de esa ciudad blanca y de ese fondo.

Ciudad Blanca es el lugar dónde todo se ha dicho en su nada. Y ¿por qué hay nada y no más bien algo? Un color, un matiz, un degradado… Porque el poeta se ha dispuesto a realizar a una mirada introspectiva en la búsqueda su propia epopeya, la gesta psicoanalítica de su ciudad interior sobre su propia psiqué, su alma. Esta es la finalidad poética.

Fondo Blanco es el relieve dulce que se arroja a la ciudad, como un lienzo que grita por descubrir(se), por desocultar(se), lo que en el interior se desarrolla, se redibuja, se desdibuja esperando al asecho.

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En esta gesta, en la búsqueda del tesoro silencioso, los sonidos se hace más y más nítidos. Esos sonidos que provienen del anhelo, del dolor, de la esperanza perdida, de la amistad verdadera, del amor eterno y el odio efímero…

Ese ciudadano de la Ciudad Blanca, es quien reclama y denuncia la ausencia y el vacío de la ciudad dónde vive, y que se arroja a la existencia en búsqueda de sentido: ¡una (auto-re)composición en color!

Ese ciudadano-poeta es el sujeto existencial en el que todos convergemos, buscando nuestra propia gesta que diseñe y reconstruya ontológicamente la cotidianidad y el destino, donde llegamos y nos vamos con un abrazo…

El texto originalmente es un prólogo al poemario, La ciudad es una transparencia impenetrable, de mi gran amigo, Ricardo Montiel.

Fotografía: Andrés Vargas, Costa Rica.

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🔵 DE BORGES, LA INMORTALIDAD Y TUS OJOS VERDES


La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres… Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales. Homero y yo nos separamos en las puertas del Tánger; creo que no nos dijimos adiós.

Jorge Luis Borges; El Inmortal, Capítulo IV.

A Andrea.

Creo que ayer no nos despedimos. Incluso creo que antes de ayer, tampoco. Al menos no había la intención de ambas partes. Era como dejarnos en pausa… Y si lo hicimos, fue algún guiño que podría parecerse a algo más como seguimoshablandomástarde. En la inmensidad de la eternidad estamos condenados a volvernos a encontrar. El adiós no importa. El A-Dios como buen deseo en la partida, es un simple suspiro que es tan insignificante como impreciso. El tiempo es intrascendente, pero no deja de ser melancólico la distancia que por centurias nos han separado, pero
hoy, hoy, es un instante-eterno-feliz que se prolonga,

que
se
estira,
que
se
expande,
que
se
d-i-l-a-t-a-e-n-e-l-e-s-p-a-c-i-o-i-n-f-i-n-i-t-o-y-e-t-é-r-e-o-e-i-n-c-o-n-m-e-n-s-u-r-a-b-l-e…
Como cuando te miro y me pierdo en tus ojos y me rescatas con su risa.

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Tú, la de los ojosverdes, tú que eres la hija del Sol Poniente, es imposible olvidarte en la multiplicidad de miradas en las que he podido penetrar. Tu voz entre muchas, entre siglos de voces, me sigues envolviendo como siempre te escuché. Y me estremeces. Y me excitas. Y me ilusionas. Y me seduces…

Delatando mi corazón como el cuento de Poe.
Doblegándome como Hércules, Hera preciosa.
Traspasándome el alma como Aquiles en su talón.

En una gesta relatada en combinación con el Señor de los Anillos, Hamlet y El Quijote. Como una palabra que se lanza al susurro l-e-n-t-a-m-e-n-t-e que no termina de decirse sostenida en el tiempo, frenada por el viento cuando me falta el aliento, pero dirigida por las ondas estelares del astro que anuncia el día, la Lámpara-del-Amanecer, que permite que el crepúsculo deje atrás la noche más oscura-nocturna y pueda inclinarme a tu pies para besarlos; esa onda que me paraliza, que me pasma, que me petrifica, cuando por fin…

Me encuentro ante ti.

Fotografía: Andrés Vargas, Costa Rica.

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🔵 OJOS ESMERALDINOS

Estábamos ahí, en el cuarto vacío, al menos eso parecía. Solo había algo majestuoso (y eso es decir poco): tu sonrisa acompañada con tus hermosos ojos verdes. La gente regularmente compara el vacío con el silencio, quizás porque no-hay-nada, pero se equivocan. No hay nada más lleno que el vacío y no hay sonido más fuerte que el silencio. Ese vacío lleno de tu dulzura. Ese silencio que nos apresura, que nos ralentiza, que nos sumerge, que nos atraviesa, pero que enmudece cualquier palabra que quebranta la armonía de tu miradadeniña.

Luisito, ¿qué era lo que me decías sobre el color “verde”?

Bueno, pues si Hermes Trismegisto escribió su Tabla Esmeraldina, yo tengo la Mirada Esmeraldina que me (de)muestra el Universo. Pues, como dice el poema de Gonzalo Fragui…

lamiradadeunamujer
eselúnicopuente
quenospermitellegar
alotroladodeldía

Gonzalo Fragui. Los puentes de Madison, Dos Minutos Y Medio.
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El otro lado del día es la orilla sobre la cual el dios egipcio Horus cruza de oriente al poniente, donde la noche se estrella, donde el hermano gemelo del Sol brilla, y me pierdo en su mirada en medio de la oscuridad donde todo resplandece desde el Nuncajamás, donde puedo transformarme en un Espantapájaros, sí, en un espantapájaros, porque los espantapájaros exigen saber volar. ¿No sabías? ¿No conocías el poema Espantapájaros de Oliverio Girondo?

¡Peroesosí!
Yenestosoyirreductible.
Nolesperdono,
bajoningúnpretexto,
que
no
sepan
volar.
Sinosabenvolar
¡Pierden
el
tiempo
lasquepretendanseducirme!

Y tú, como dice el bolero, y-nada-más-que-tú, en ese cuarto que estaba vacío, donde tus ojos esmeraldinos llenaron todo, me volví inminente.

Y volamos.

A Andrea.

Fotografía: Andrés Vargas, Costa Rica.

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🔵 EL MISTERIO DE LA VENTANA DEL SANATORIO CARLOS DURÁN

Las paredes muestran cicatrices. Al fondo, como único e inexorable destino, irreductible, quizás predeterminado -aunque uno luche para transformar su llegada-, una ventana. La Ventana.

Todos los caminos conducen a Roma, sin embargo, éste se niega ante toda posibilidad, ante toda esperanza, ante cualquier perspectiva. Se muestra irreverente ante el cambio; solo presenta su paisaje interior doloroso, misterioso, lleno de expectación para llegar al final.

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Su piso de madera direcciona el flujo lacerante de la piel que reviste el pasillo. Aunque parece tan quieto, solo es incólume ante el paso de cada paso de los que han sido sus huéspedes. Podrías imaginar, solo de verlo, cómo fue la estadía: la faltadealegría, la profundadesesperación de un tiempo detenido que perdió la importancia, porque la importancia del tiempo radica en la añoranza del recuerdo y en la posibilidad de la llegada (al menos de la visita –pero que sabes que nunca llegará más-). Cuando ya no vienes ni vas, la vida se ha detenido como este pasillo. Eres transformado en huésped de este pasillo, y el maletero que ordena tu equipaje (interior) es Cronos.

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¿Si nos acercamos a la ventana, qué veríamos? ¿Importaría de algo? Los barrotes por fuera de ella, nos dejan en el vacío del encierro, donde el silencio grita y la distancia se mide en lo que alcance la mirada. Los barrotes que protegen de los que están afuera. Los barrotes para proteger a los que están afuera. Los barrotes que encarcelan por igual al que tiene razón como sinrazón. Sin embargo, el resplandor que se divisa en la ventana, ese que se aprecia como una luminiscencia enceguecedora, que vuelve borrosa la vista, sería exactamente lo mismo que podría apreciarse: un paisaje borroso y enceguecedor. ¿Qué importaría ver del otro lado de los barrotes? Solo aumenta la desesperanza. Los barrotes son la línea fronteriza entre el tiempo que fluye y el detenido.

Sus huéspedes, doblemente prisioneros, tanto de su mente como de sus aposentos -como si realmente fuesen suyos-, solo tienen libertad de transitar hasta la ventana -como única concesión a la razón-. Aunque parezca ínfimo, y tan menospreciado por muchos y por otros, caminar libremente hacia la ventana para recordarse que su estadía de por vida, goza de la protección de los barrotes, para ser olvidados. Negados, tres veces y más, sin importar que el gallo cante antes de que amanezca.

El problema de vivir es que por mucho que te esfuerces -y no importa que tan duro trabajes en ello-, nunca podrás ser olvidado, porque al menos a una persona habrás de impactar. La existencia persiste inquebrantable ante la resistencia de la voz ensordecedora del tiempo que todo lo sabe, pero que casi todo lo calla.

La luz que entra, es como el aire que puedes respirar. Es la claridad de poder observar detenidamente cada cicatriz de la que ya no te das cuenta de dónde vino y ni siquiera sabes si va a sanar. A cada bocanada, a cada inhalación, es una navegación por el universo interior de la sinrazón de la que ya no te das cuenta. Y todos, aunque tenemos doble nacionalidad desde que nacemos, una de la razón y otra de la sinrazón, unos se vuelven residentes permanentes de una o de otra. Lo curioso, es que nadie regresa. Como tú no lo has hecho, porque tú al igual que yo, solo tenemos la libertad de transitar hacia la ventana, y poder observar el propio mundo interior.

Aunque no sepas qué significa.

Aunque no sepas para qué serviría.

Aunque no sepas incluso quién seas…

Quédate aquí, junto a mí.

Fotografía: OB Photo (Orlando Benavides), Costa Rica.

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