Sanatorio Carlos Durán Costa Rica

🔵 EL MISTERIO DE LA VENTANA DEL SANATORIO CARLOS DURÁN

Las paredes muestran cicatrices. Al fondo, como único e inexorable destino, irreductible, quizás predeterminado -aunque uno luche para transformar su llegada-, una ventana. La Ventana.

Todos los caminos conducen a Roma, sin embargo, éste se niega ante toda posibilidad, ante toda esperanza, ante cualquier perspectiva. Se muestra irreverente ante el cambio; solo presenta su paisaje interior doloroso, misterioso, lleno de expectación para llegar al final.

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Su piso de madera direcciona el flujo lacerante de la piel que reviste el pasillo. Aunque parece tan quieto, solo es incólume ante el paso de cada paso de los que han sido sus huéspedes. Podrías imaginar, solo de verlo, cómo fue la estadía: la faltadealegría, la profundadesesperación de un tiempo detenido que perdió la importancia, porque la importancia del tiempo radica en la añoranza del recuerdo y en la posibilidad de la llegada (al menos de la visita –pero que sabes que nunca llegará más-). Cuando ya no vienes ni vas, la vida se ha detenido como este pasillo. Eres transformado en huésped de este pasillo, y el maletero que ordena tu equipaje (interior) es Cronos.

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¿Si nos acercamos a la ventana, qué veríamos? ¿Importaría de algo? Los barrotes por fuera de ella, nos dejan en el vacío del encierro, donde el silencio grita y la distancia se mide en lo que alcance la mirada. Los barrotes que protegen de los que están afuera. Los barrotes para proteger a los que están afuera. Los barrotes que encarcelan por igual al que tiene razón como sinrazón. Sin embargo, el resplandor que se divisa en la ventana, ese que se aprecia como una luminiscencia enceguecedora, que vuelve borrosa la vista, sería exactamente lo mismo que podría apreciarse: un paisaje borroso y enceguecedor. ¿Qué importaría ver del otro lado de los barrotes? Solo aumenta la desesperanza. Los barrotes son la línea fronteriza entre el tiempo que fluye y el detenido.

Sus huéspedes, doblemente prisioneros, tanto de su mente como de sus aposentos -como si realmente fuesen suyos-, solo tienen libertad de transitar hasta la ventana -como única concesión a la razón-. Aunque parezca ínfimo, y tan menospreciado por muchos y por otros, caminar libremente hacia la ventana para recordarse que su estadía de por vida, goza de la protección de los barrotes, para ser olvidados. Negados, tres veces y más, sin importar que el gallo cante antes de que amanezca.

El problema de vivir es que por mucho que te esfuerces -y no importa que tan duro trabajes en ello-, nunca podrás ser olvidado, porque al menos a una persona habrás de impactar. La existencia persiste inquebrantable ante la resistencia de la voz ensordecedora del tiempo que todo lo sabe, pero que casi todo lo calla.

La luz que entra, es como el aire que puedes respirar. Es la claridad de poder observar detenidamente cada cicatriz de la que ya no te das cuenta de dónde vino y ni siquiera sabes si va a sanar. A cada bocanada, a cada inhalación, es una navegación por el universo interior de la sinrazón de la que ya no te das cuenta. Y todos, aunque tenemos doble nacionalidad desde que nacemos, una de la razón y otra de la sinrazón, unos se vuelven residentes permanentes de una o de otra. Lo curioso, es que nadie regresa. Como tú no lo has hecho, porque tú al igual que yo, solo tenemos la libertad de transitar hacia la ventana, y poder observar el propio mundo interior.

Aunque no sepas qué significa.

Aunque no sepas para qué serviría.

Aunque no sepas incluso quién seas…

Quédate aquí, junto a mí.

Fotografía: OB Photo (Orlando Benavides), Costa Rica.

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