Marcos Represas

🔵 DE BORGES, LA INMORTALIDAD Y TUS OJOS VERDES


La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres… Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales. Homero y yo nos separamos en las puertas del Tánger; creo que no nos dijimos adiós.

Jorge Luis Borges; El Inmortal, Capítulo IV.

A Andrea.

Creo que ayer no nos despedimos. Incluso creo que antes de ayer, tampoco. Al menos no había la intención de ambas partes. Era como dejarnos en pausa… Y si lo hicimos, fue algún guiño que podría parecerse a algo más como seguimoshablandomástarde. En la inmensidad de la eternidad estamos condenados a volvernos a encontrar. El adiós no importa. El A-Dios como buen deseo en la partida, es un simple suspiro que es tan insignificante como impreciso. El tiempo es intrascendente, pero no deja de ser melancólico la distancia que por centurias nos han separado, pero
hoy, hoy, es un instante-eterno-feliz que se prolonga,

que
se
estira,
que
se
expande,
que
se
d-i-l-a-t-a-e-n-e-l-e-s-p-a-c-i-o-i-n-f-i-n-i-t-o-y-e-t-é-r-e-o-e-i-n-c-o-n-m-e-n-s-u-r-a-b-l-e…
Como cuando te miro y me pierdo en tus ojos y me rescatas con su risa.

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Tú, la de los ojosverdes, tú que eres la hija del Sol Poniente, es imposible olvidarte en la multiplicidad de miradas en las que he podido penetrar. Tu voz entre muchas, entre siglos de voces, me sigues envolviendo como siempre te escuché. Y me estremeces. Y me excitas. Y me ilusionas. Y me seduces…

Delatando mi corazón como el cuento de Poe.
Doblegándome como Hércules, Hera preciosa.
Traspasándome el alma como Aquiles en su talón.

En una gesta relatada en combinación con el Señor de los Anillos, Hamlet y El Quijote. Como una palabra que se lanza al susurro l-e-n-t-a-m-e-n-t-e que no termina de decirse sostenida en el tiempo, frenada por el viento cuando me falta el aliento, pero dirigida por las ondas estelares del astro que anuncia el día, la Lámpara-del-Amanecer, que permite que el crepúsculo deje atrás la noche más oscura-nocturna y pueda inclinarme a tu pies para besarlos; esa onda que me paraliza, que me pasma, que me petrifica, cuando por fin…

Me encuentro ante ti.

Fotografía: Andrés Vargas, Costa Rica.

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