FILOSOFIA del arte con Antonio García Villarán

filosofía del arte y estética

Hace unos días tuve el honor y el agrado de ser invitado a dar un conversatorio denominado Filo-Cafés sobre LA filosofia del arte acompañado del dr. en bellas artes y youtuber, Antonio García Villarán.

Los Filo-Cafés los organiza la filósofa, Ester Guirao.

FILOSOFIA del arte

Pregunta de FILOSOFIA del arte y estética: ¿Qué vale en el arte?

En un mundo globalizado la palabra “valor” está más asociada a la pregunta: cuánto y no al qué. 

Es claro que el “qué” lo estudiamos sólo los filósofos. A más nadie le importa.

Aquí, la pregunta que se plantea es muy distinta a “cuánto vale”. Se refiere más bien a qué es lo que da valor en el arte.

Algo creo tener claro ante la pregunta: ¿Todo vale en el arte? No, no todo vale en el arte. 

El relativismo posmoderno aunque quisiera no puede igualar que todo es arte o peor aún, que todos somos artistas.

Kant en Qué es la ilustración ya nos recordaba de la necesidad de tener tutores.

Pero veamos:

Si el valor reside en el artista, tendríamos que poner la atención a la perfección de su técnica. Y cualquier foto desdibuja este valor de cualquier obra hiperrealista.

En última instancia, arte viene de tekhne, técnica.

Si el valor está en la obra misma, el valor tendría que ponerse en el valor de uso, por tanto estaría en el mercado, aunque sea un uso decorativo.

Si estuviera en el museo, entonces el valor lo con-signa el curador.

Si dijéramos que está en la firma, pudiéramos reproducir la obra de arte cuantas veces quisiéramos y aun así no tendría el mismo valor.

Si el valor estuviese en el comprador, tendría que ser el precio.

Si pensamos que está en el título de la obra, el valor sería el concepto.

Y si fuese el concepto, el valor sería la capacidad de que la obra pudiera ser comprendida por sí sola.

Podríamos pensar que el valor lo da únicamente el artista, pero esto excluiría al espectador. Y ambos se necesitan para con-signar un valor, el valor de esa obra de arte.

Vemos por ejemplo la obra de Marcel Duchamp, La Fuente. En última instancia, es un orinal. Y, aunque el orinal tenga un nombre que trate de reconstruir la ontología, el ser del orinal, no deja de ser un orinal. 

Aun así, la réplica del orinal de Duchamp que está en el museo no tiene el mismo valor del inodoro que está en mi casa.

La pipa de Magritte nos mostraba que la representación de una pipa no es una pipa, pero a la vez lo es. Porque al ver la obra sabrías que ahí está pintada una pipa, entonces algo hay de pipa en la pipa de Magritte.

Derrida se preguntaba si el marco de la obra pertenece a la obra de arte o más bien es algo accesorio. Pues sí y no. A él, le encantaba mostrar esas ambigüedades, pero en todo caso no responde a nuestra pregunta.

En el fondo, lo que estamos planteando es la pregunta filosófica por excelencia.

La pregunta de la filosofía no es qué es la verdad, qué es la nada o qué es el ser. Tampoco la pregunta por la estética es qué es lo bello ante lo feo.

La pregunta en el fondo es dónde está la frontera, cómo demarcarla y dónde dibujarla, para a partir de ahí mostrar qué es la verdad y que no, qué es lo bello y qué no.

Esta labor de dibujar la frontera, que quede claro, es imposible.

Pero a nosotros nos interesa saber otra cuestión, otra pregunta: qué es lo que da valor en el arte.

Si algo nos ha enseñado la historia del arte es que el artista que ha producido una obra de arte es porque representa en esa obra el espectro epocal, el fantasma con-tempo-ráneo en el que vive el artista.

El arte no deja de ser un problema del hoy. 

Y por qué espectro, pues porque un espectro está presente pero no lo está al mismo tiempo, está ausente pero no lo está. No se puede señalar la presencia de un espectro sin señalar que ya no está.

Y si algo nos ha enseñado el quehacer del arte en el siglo XX es la búsqueda de la politización del arte, el arte como ideología y el arte como producto. 

En el siglo XXI todo se cuantifica en rentabilidad, rendimiento y likes.

Pero aun así, no hemos respondido la pregunta.

El “qué” de ese valor está y no está en la obra de arte, está y no está en el artista y, está y no está en el espectador. Es algo único producido por una signatura en el encuentro de estos: la huella.

Si yo pisara la arena, dejo una huella. Y esa huella es huella a partir de que levanto el pie. 

Es la huella de mi pie. 

Por tanto, al mismo tiempo la huella muestra mi presencia que se marcó. Pero, para que sea huella, el pie ya no tiene que estar ahí. Por lo tanto, también hay ausencia.

La huella muestra al mismo tiempo la ambigüedad de la presencia y de la ausencia.

Hay huella en la obra de arte.Un huella que impregna. 

Y esta, viene desde dentro de la obra pero a la vez desde afuera. 

Atraviesa al espectador y produce una transformación inadvertida en él.

Y esto no se busca, no se encuentra. Simplemente, se da como algo que queda.

Y el valor no se cuantifica, sino que tiene que ver con la calidad de significación y transformación que queda como una marca irrepetible y singular.

Y como huella, siempre queda presente pero a la vez la obra ya está ausente. Pero esa ausencia resulta presentable en tanto huella. Y esa marca, esa signatura, es indeleble, imborrable. ¿Pero dónde está la huella? No se sabe. 

Solo ha quedado, su espectralidad.

Importancia de la FILOSOFIA del arte

A continuación te coloco esta conversación sobre la FILOSOFIA DEL ARTE colgada en nuestro canal:

-FIN-

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