✅ La farmacia de Platón 👉 ¿Platón era farmaceuta?

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Jacques Derrida: La Farmacia de Platón

La Farmacia de Platón, suena raro ¿verdad? Quédate conmigo y te lo explico. La palabra griega pharmakon es la raíz de la palabra: farmacia, farmacéutico, y puede traducirse acertadamente como medicina.

Al igual que las drogas sintéticas tienen muchas propiedades, que producen una compleja mezcla de efectos beneficiosos y perjudiciales, el concepto de pharmakon significa un complejo entramado de beneficios y daños a través de un poder que no se comprende del todo. Además de droga, puede traducirse como medicina, remedio, tónico, veneno, encanto, hechizo, receta, sustancia, anti-sustancia, sustituto; o como pintura, maquillaje o perfume, especialmente para cubrir la fealdad o la putrefacción como la de un cadáver.

Un pharmakeus es el que administra el pharmakon, posiblemente como un farmacéutico pero a menudo más como un mago. Un pharmakos también puede ser un mago, pero sobre todo del tipo malévolo. Su significado más central es influencia maligna, sacrificio o chivo expiatorio.

Si había problemas en la antigua polis, se determinaba que el responsable o un sustituto simbólico que la comunidad mantenía en reserva para tales ocasiones era sacrificado para purificar el efecto negativo. 

En ese momento, el malévolo mago (pharmakeus) cuya influencia (pharmakon) podía identificarse como el veneno (pharmakos) que aflige a la polis, debe hacerse un sacrificio (pharmakos) para ser transmutado en un remedio (pharmakon).

De este modo, las palabras pharma connotan una especie de alquimia en la que la cura para un veneno no es una sustancia diferente sino la misma sustancia transmutada. Esta transmutación sólo puede lograrse bajo condiciones especiales. De lo contrario, el pharmakon sigue siendo intrínsecamente ambivalente, es decir, potente en ambos sentidos, positivo y negativo.

Este proceso alquímico se desarrolla en seis pasos. Al principio, el pharmakon es una sustancia desconocida, todavía no ambivalente, simplemente ambigua. En segundo lugar, el alquimista-farmacéutico presenta la sustancia como lo que no es. En tercer lugar, adjudica lo que está fingiendo. En cuarto lugar, convierte en chivo expiatorio lo que ha sido encubierto, el pharmakos. En quinto lugar, (re)presenta el original como si pudiera existir en su forma forma prístina.

La disposición a la ambivalencia exige un sexto paso: un guiño artístico a lo que ha sido extirpado. Sin este último paso, la transmutación del pharmakon sigue siendo inestable, dejando el potencial de envenenar donde se curaría.

Y así, Platón se vuelve emprender y monta la que sería su farmacia.

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La farmacia de Platón: mito de Theuth y Thamus

Al final del Fedro, Platón da un ejemplo de transmutación fallida en forma de mito. En el mito de Platón, Theuth (Thot), el dios egipcio erudito, creador y símbolo de todas las artes, presenta sus obras a Thamus, el dios soberano, para que las juzgue.

Al principio, como el juicio aún no se ha hecho, el valor de cada arte parece ambiguo. Sin embargo, Thamus rompe ese estado al promover los efectos tónicos de su pharmakon efectos tónicos de su pharmakon: Esta disciplina (a la matemática), mi rey, hará a los egipcios más sabios y mejorará su memoria (sophoterous kai mnemonikoterous): mi invento es una receta (pharmakon) tanto para la memoria como para la sabiduría. 

Theuth actúa el segundo, tercero y cuarto pasos en un paquete. Juzga preventivamente su propia obra como un bien. Al hacerlo, hace pasar -o sustituye- lo desconocido por lo conocido. En un momento, Thamus añadirá que Theuth hace pasar un recuerdo por la memoria, y una apariencia por la verdad. Theuth elogia entonces el recuerdo que ofrece, pero ignora la la dependencia posterior de la memoria. 

Para ello, Theuth tiene que fingir que la escritura en sí misma es sólo auxiliar, un medio para un fin. Si se pusiera en primer plano, sería evidente que Si se pusiera en primer plano, sería evidente que en realidad desplaza a la memoria y a la sabiduría, como dice Thamus. Theuth no ofrece nada nuevo, sólo mejorar las capacidades ya presentes. 

Como muestra La Farmacia de Platón, la promesa de la escritura no es que resuelva un problema existente, sino que aporte un beneficio inesperado no una cura para una enfermedad, sino una tecnología para un poder que es sobrehumano, más cercano a los dioses. Por esta razón, sólo puede ser llamado un remedio si es un remedio para la limitación, para la mortalidad. 

En cambio, Theuth pretende que el original se conserva, que lo que ofrece es igual en especie a lo que ya tiene el pueblo.

Sin embargo, no le corresponde al proveedor del arte juzgar el mérito de ese arte. Ese papel corresponde al dios juez, Thamus, que se da cuenta de que algo importante se ha dejado de la cuenta y que lo que se sacrificó por omisión resultará ser lo más importante: El hecho es que este invento producirá el olvido en las almas de los que lo han aprendido porque no necesitarán ejercitar su memoria, pudiendo confiar en lo que está escrito, utilizando el estímulo de marcas externas marcas ajenas a ellos mismos en lugar de, desde dentro, sus propios e irrepetibles recuerdos que, desde el interior, sus propios poderes sin ayuda para llamar a las cosas a la mente.

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Así que no es un remedio para la memoria, sino para recordar lo que han descubierto. Y en cuanto a la sabiduría, estás equipando a tus alumnos sólo con una apariencia de ella, no con la verdad. Gracias a ti y a tu invento, tus alumnos serán ampliamente leídos sin beneficio de las instrucciones de un maestro, en consecuencia, van a entretener la ilusión de que tienen amplia conocimientos, mientras que, de hecho, son en su mayoría incapaces de un verdadero juicio.

Theuth estaba demasiado convencido de su propia invención como para reconocer su lado negativo. Donde ofrecía memoria, había olvido. Donde ofrecía sabiduría, había

la tontería. Carecía de la disposición hacia la ambivalencia necesaria para destilar el verdadero tónico de su pharmakon

Este pharmakon presenta un dolor que puede traer alegría, un mal que puede traer salud, y lo hace jugando creativamente con la ambivalencia.

Aquí es donde Theuth lo dejó y donde Thamus lo encontró en falta. Este es el último paso que Theuth descuida, el de reafirmar el medio, el pharmakon, y la ambivalencia implícita en ella. Es esta afirmación de la ambivalencia lo que separa el arte del artificio.

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La deconstrucción de La Farmacia de Platón

El concepto de pharmakon es una metáfora tan rica de la ambivalencia que su contemplación puede afectar a uno a nivel disposicional, y no hay mejores guías en esta contemplación que Platón y Jacques Derrida.

A primera vista, Platón parece haber cometido el mismo error que Theuth. Incluso cuando Thamus reprende a Theuth por su apresurado elogio de su pharmakon, escribiendo, el juez dios establece su propio juicio unilateral. Una fuerte condena de la escritura no parece más reflexiva que un fuerte apoyo, y ésta parece ser la última palabra. Por supuesto, no es la última palabra, porque cuando el mito llega a su fin el diálogo continúa y, en él, Sócrates suaviza considerablemente el juicio. Es como si Platón exagerara descaradamente el caso en el mito para prepararnos para lo que viene. En el mito, la escritura es juzgada como un veneno, pero después, Sócrates permite que pueda puede ser una diversión placentera, aunque trivial.

Más llamativamente, en el mito, la escritura y el logos se oponen, personificados en Theuth y Thamus. En el diálogo, son de una tipo, sólo que la escritura es una forma inferior. Como le dice Sócrates a Fedro, la escritura es desgraciadamente como la pintura…. ¿No hay otro tipo de palabra o discurso mucho mejor que ésta, y que tiene mucho más poder: un hijo de la misma familia, pero legítimamente engendrado?

En esta suavización, Sócrates es un paso más reflexivo que Tamo, que es un paso más reflexivo que Theuth. Uno podría detener su lectura del Fedro en que la preferencia del discurso sobre la escritura era el objetivo de Platón. Como observa Derrida observa, sin embargo, que sólo una lectura ciega o groseramente insensible podría de que Platón se limitaba a condenar la actividad del escritor.17 Como muestra Derrida, el Derrida pasa a mostrar, con su propio estilo preeminentemente reflexivo, que hay mucho más en juego. A través de su deconstrucción, Derrida explica y enriquece muchos de los temas de Platón, revelando a menudo ambivalencias más profundas en ellos. 

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La observación más obvia y reveladora es casi fácil: que Platón tiene que utilizar la escritura para condenar la escritura. Esto es más profundo que la simple ironía. Es, de hecho, la realización de la misma transmutación demostrada por Theuth Platón sustituye, o hace pasar la escritura por el diálogo. Entonces alaba el diálogo mientras condena, desestima e ignora la escritura. A continuación, pone su marca en el diálogo mismo, que ni siquiera ha estado disponible. Hasta aquí, hace justo lo que Theuth hace con la escritura, sólo que al revés.

Platón pasa a utilizar llamativamente una serie de dispositivos característicos de la escritura y comete una serie de infracciones contra la ética del diálogo: manipula secuencia y el tiempo; domina unilateralmente la conversación desde de fondo; sustituye una cosa por otra en un juego de manos literario; viola sus propios principios de composición.

Las motivaciones de Platón para escribir de forma tan ambivalente -como las de Derrida- son difíciles de precisar. Se ha dicho que la escritura del Fedro fue simplemente chapucera, debido a la extrema juventud de Platón o a su extrema edad. 

Otra opinión es que Fedro ¡es el cínico intento de Platón de robar la escritura para sí mismo! Creo que Platón hace un guiño a esta ambivalencia mientras intenta transmutarla. En el Fedro podemos leer la autodestrucción de Platón.

Para atacar la persuasión retórica, utiliza todos los trucos retóricos que puede.

Para atacar el sofisma, Platón se muestra como un sofista consumado. Cada argumento que que pasa por Sócrates contra la escritura, la retórica y el sofisma se erige como una acusación a Platón. Veo esto como reflexividad porque, en cada etapa, Platón insinúa lo que está lo que está haciendo. Por ejemplo, el mito de Theuth y Thamus que invoca el concepto de pharmakon puede ser visto como una clave para la propia exposición de Platón. 

En su propia escritura, Platón se parece mucho más a Lisias que a Sócrates, más a Theuth que a Thamus.

El mito de esos dos dioses puede leerse como el juicio de Platón sobre sí mismo. Las travesuras de Sócrates, a menudo desconcertantes, pueden leerse como un guiño a quienes lo buscan.

Derrida en La Farmacia de Platón, dentro del libro La Disemianción, y otros han hecho brillantes trabajos para desentrañar la autocontradicción de Platón, pero todo lo que Derrida revela ya está escrito en Platón por Platón. En resumen, Platón realiza la deconstrucción de Platón por parte de Derrida. Del mismo modo, Derrida interpreta a Platón. Haciendo de jugando a ser el tábano de Platón, hurgando en sus hilos, descomponiendo sus conceptos, cuestionando sus cuestionando sus afirmaciones sobre lo que es bueno, y apuntando hacia una mayor comprensión mientras que nunca se deja inmovilizar, Derrida se asemeja a Sócrates.

Está claro que Derrida responde a Platón, pero también podemos decir que Platón responde a Derrida. Platón critica a los retóricos de su época por sus trucos y relativismo interesado. Derrida también relativiza el lenguaje, y desbarata las estructuras de poder, en gran medida para su beneficio. Podemos ver un parentesco entre Derrida y los sofistas, y también podemos ver el parentesco de Platón con ellos. 

Él emerge de su campo de juego, utilizando sus temas y sus herramientas. Para algunos, como Jasper Neel, Platón es el sofista consumado, distinguido sólo por su condición de vencedor. Si es así, tal vez las motivaciones de Platón y Derrida estén alineadas. Tal vez ambos sean escritores que trabajan en un campo del discurso caracterizado por un pensamiento inteligente, pero no reflexivo -como el de como el de Theuth- que quieren demostrar un tipo de discurso informado por una disposición hacia la ambivalencia. Sea o no su intención, sostengo que este es el efecto. 

Podemos leer a Platón y a Derrida en conjunto para ejercitar nuestro sentido de la ambivalencia, lo que puede hacernos a su vez más reflexivos.

Estos dos autores también pueden sugerir el modo de utilizar nuestra reflexividad. Tanto Platón como Derrida son magos-farmacéuticos que pueden ser leídos de todas las maneras posibles. A menudo se les toma como némesis, pero puestos uno al lado del otro, Fedro y Diseminación sugieren un juego vigoroso, una verdadera dialéctica. Es en ese juego que tanto Sócrates como Derrida demuestran su magia. No todo lo que dicen o hacen es transparente, pero es potente; y la naturaleza de esa potencia es más que un poco ambigua, un pharmakon.

Patrick McCarthy-Nielsen.

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